309. UN ENCUENTRO INESPERADO
Sofía sonrió feliz acariciando la cabeza de su esposo mientras él continúa acariciando su vientre y llenándolo de besos. Su felicidad es inmensa al escucharlo decir.
—Bebés, papá los cuida, vamos, dejen que mamá descanse — habla con su manos puesto en el vientre de su esposa, para luego levantarse y abrazar a Sofía fuertemente y decirle—. No sabes cuánto me asusté al ver cómo se dirigía esa arma hacia ellos. No tendré nunca con qué pagarle a mi suegro. ¿Dónde lo dejaste?
—El tío Javier lo